Energía y pataletas
Por qué mi hijo hace pataletas (y cómo ayudarlo a calmarse)
Por Equipo SER · Publicado el 15 de julio de 2026
Son las 7 de la tarde. Tu hijo está en el piso del supermercado, gritando porque no le compraste algo, y sientes que todo el mundo te mira.
Respira. No estás haciendo nada mal, y tu hijo tampoco.
Las pataletas son una de las cosas más normales —y más agotadoras— de la primera infancia. La buena noticia es que no son un problema de crianza ni una forma de manipulación: son una etapa del desarrollo del cerebro. Aquí te explicamos por qué pasan y, sobre todo, cómo acompañar a tu chiqui para que aprenda a calmarse.
En corto: las pataletas ocurren porque la parte del cerebro que regula los impulsos todavía está en construcción en los niños pequeños. No son manipulación; son biología. Y acompañar —en vez de castigar o recurrir a la pantalla— es lo que ayuda a tu hijo a desarrollar la calma.
Primero, lo más importante: son normalísimas
Si sientes que tu hijo hace pataletas todo el tiempo, no estás solo ni exagerando. Un estudio con casi 1.500 niños, publicado en el Journal of Child Psychology and Psychiatry, encontró que alrededor del 84 % de los niños entre 3 y 5 años había tenido al menos una pataleta en el último mes. Es decir: es prácticamente universal.
Las pataletas suelen aparecer alrededor del primer año, alcanzan su punto más alto entre los 18 y los 36 meses —cuando las vive cerca de 9 de cada 10 niños— y empiezan a bajar hacia los 4 años, a medida que el cerebro madura. Son, literalmente, una señal de que tu hijo está creciendo como debe.
Por qué pasan: el cerebro de tu hijo todavía está en obra
Aquí está la clave que cambia todo. Cuando tu hijo se tira al piso, no está calculando cómo manipularte. Está desbordado.
La neurociencia del desarrollo lo explica así: el cerebro tiene una zona encargada de frenar los impulsos y regular las emociones —la corteza prefrontal— y esa zona es de las últimas en madurar. En un niño pequeño apenas está empezando a construirse. Al mismo tiempo, la parte del cerebro que dispara las emociones intensas ya está muy activa. El resultado es un desbalance: mucha emoción, poco “freno”. Por eso una frustración que a un adulto le parece mínima —el vaso equivocado, el juguete que no sirve— puede detonar una tormenta completa.
Los investigadores coinciden en que las pataletas nacen sobre todo de la frustración y de una capacidad de autorregulación que todavía no está lista. No es un defecto de tu hijo ni un fracaso tuyo: es una etapa. Y como toda etapa, se acompaña.
La trampa de la pantalla: por qué calmar con el celular sale caro
Cuando llega la pataleta y estás agotado, darle el celular funciona. El niño se calma en segundos. El problema es lo que pasa después.
Varios estudios recientes muestran algo incómodo pero importante: usar la pantalla de forma habitual para calmar a un niño alterado está asociado con un peor desarrollo de la autorregulación. Dicho simple, cada vez que la pantalla calma la emoción por él, el niño pierde una oportunidad de aprender a calmarse solo. Y se crea un círculo: la pantalla apaga la tormenta, pero no enseña a manejarla, así que la próxima tormenta llega igual… o peor.
De hecho, un estudio encontró que el 93 % de los padres entrevistados reportó que su hijo pequeño hace pataleta —al menos a veces— justo cuando se acaba el tiempo de pantalla. La herramienta que usamos para calmar termina generando la siguiente pataleta.
Esto no es para culpar a nadie: todos hemos recurrido al celular en un semáforo o en una sala de espera. Es simplemente para nombrar por qué, en SER, creemos en calmar con juego y presencia en lugar de pantallas. No porque la pantalla sea “mala”, sino porque la calma también se aprende, y se aprende practicándola.
Qué sí ayuda cuando llega la pataleta
No hay fórmulas mágicas, pero la ciencia y la experiencia coinciden en varias cosas que sí funcionan:
Empieza por tu propia calma. Los niños se regulan “prestándose” la calma de un adulto (los expertos lo llaman co-regulación). Si tú gritas, la tormenta crece; si tú respiras, le das un ancla. Suena injusto —eres tú quien tiene que sostener— pero es justo así como su cerebro aprende.
Ponle nombre a lo que siente. “Estás muy bravo porque querías seguir jugando.” Nombrar la emoción ayuda al cerebro a ordenarla. No es ceder, es traducir.
Acompaña sin resolver de inmediato. A veces tu hijo no necesita que le soluciones el problema, sino que te quedes cerca mientras pasa la ola. Tu presencia tranquila le dice: “esto que sientes es tan grande que te asusta, pero yo estoy aquí”.
Enséñale herramientas de calma en los momentos tranquilos. La regulación se practica cuando NO hay tormenta. Respirar juntos, mover el cuerpo, tener un objeto que lo ancle. Así, cuando llegue la pataleta, ya tiene un recurso a la mano.
Cuida el sueño y el movimiento. La investigación sugiere que dormir bien y gastar energía física ayudan al cerebro a autorregularse mejor. Muchas pataletas son, en el fondo, cansancio o energía acumulada sin salida.
Y lo más importante de todo: acompañar con calidez no es “consentir”. La ciencia muestra que el cuidado cálido y receptivo es justamente lo que ayuda a construir los circuitos cerebrales de la regulación emocional. Cada vez que acompañas una pataleta con paciencia, estás literalmente ayudando a formar el cerebro de tu hijo.
Zazú: acompañar la energía a través del juego
En SER creamos a Zazú para esto. Zazú es un dinosaurio con un tornado adentro —igual que tu chiqui cuando la energía o la rabia lo desbordan—. A través de su cuento y su juguete, tu hijo aprende a “girar su tornado”: a reconocer cuándo su energía sube y a calmarse, con juego en lugar de pantallas.
Es una forma concreta de darle esa herramienta de calma que mencionamos, para que la tenga lista cuando llegue la próxima tormenta.
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Preguntas frecuentes
¿A qué edad son normales las pataletas? Son más frecuentes entre el primer año y los 4 años, con su punto más alto entre los 18 y los 36 meses. La mayoría de los niños las tiene, y tienden a disminuir a medida que el cerebro madura.
¿Las pataletas son manipulación? No. En los niños pequeños, la parte del cerebro que regula los impulsos apenas se está desarrollando. Las pataletas nacen de la frustración y de una autorregulación que todavía no está lista, no de un plan para manipularte.
¿Está mal usar la pantalla para calmar a mi hijo? Un rato de pantalla puntual no es una tragedia. El problema es usarla como la herramienta principal para calmar, porque varios estudios la asocian con un peor desarrollo de la autorregulación: el niño no aprende a calmarse por sí mismo. Calmar con juego y presencia entrena esa habilidad.
¿Cuándo debería consultar con un profesional? Si las pataletas son diarias, muy largas e intensas, incluyen agresión hacia sí mismo o hacia otros de forma frecuente, o no disminuyen después de los 5 años, vale la pena hablar con tu pediatra o un psicólogo infantil. No para alarmarte, sino para tener acompañamiento. En SER trabajamos de la mano de psicólogos infantiles, justamente porque cada niño es distinto.
Referencias
Este artículo se apoya en investigación revisada por pares:
- Wakschlag, L. et al. (2012). Defining the developmental parameters of temper loss in early childhood. Journal of Child Psychology and Psychiatry. Resumen del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. (NIMH)
- Hoyniak, C. et al. (2023). Developmental Pathways from Preschool Temper Tantrums to Later Psychopathology. Ver estudio
- Emotional Brain Development: Neurobiological Indicators from Fetus Through Toddlerhood. Brain Sciences (2025). Ver estudio
- Cure for tantrums? Longitudinal associations between parental digital emotion regulation and children’s self-regulatory skills. Frontiers in Child and Adolescent Psychiatry (2024). Ver estudio
- Tantrums, toddlers and technology: Temperament, media emotion regulation, and problematic media use in early childhood (2021). Ver estudio
- Are physical activity and sleep associated with emotional self-regulation in toddlers? (2024). Ver estudio